viernes, 15 de abril de 2016

La estrella misteriosa


Lorca es el brillo y el misterio, luz y oscuridad, el sol y la luna, la vida (el amor) y la muerte. Local y universal. Historia y mito.
Tradición y vanguardia, como revela el ejemplo que mi Maestro Alberto siempre nos ponía: aquellos versos del “Romance de la Pena Negra”, donde leemos “Las piquetas de los gallos /  cavan buscando la aurora”, proceden del Cantar de Mío Cid. El Campeador ha sido desterrado y cabalga toda la noche hasta llegar a San Pedro de Cardeña, donde pretende despedirse de su esposa e hijas. Allí llega con bastante rapidez, justo cuando va a amanecer: “Apriessa cantan los gallos / e quieren quebrar albores”. Quieren es un verbo auxiliar (como el “de cuyo nombre no quiero acordarme”, del Quijote); significa que ‘van a quebrar albores’, vamos, que está a punto de amanecer. Pero Lorca interpreta la conjunción copulativa con valor de consecutiva, haciendo que la metáfora piquetas-pico, que es una paronomasia al mismo tiempo, ceda a los gallos el protagonismo de provocar la salida del sol (el Poeta les otorga voluntad con su lectura del verbo ‘querer’).
Lorca es barroco y contemporáneo. No solo estos contrastes, sino la acumulación de imágenes y recursos retóricos, el uso de metáforas prolongadas o dobles metáforas (la guitarra es el femenino y musical símbolo metonímico de Andalucía), o la concepción de la vida como camino hacia la muerte, lo corroboran.
Francisco Rico nos decía que toda la literatura universal podía reducirse a tres temas: amor, tiempo y muerte. En Lorca siempre andan los tres en danza… El tiempo como destino trágico, los reúne a todos. La pasión, el amor (el dolor), tiende a disgregarlos.
La pasión de Lorca es semejable a la Pasión de Jesús. La vida como sacrificio por amor. Por amor a la palabra y por amor a la vida. Pocos seres tan vitales habrán existido como nuestro granaíno universal.
En su comedia dramática El maleficio de la mariposa, Curianito (una cucaracha) se enamora de la mariposa herida, que lo rechazará, pero Curianito le confiesa a su flor: “Amapola, ya he visto mi estrella misteriosa”.
La vida no tiene sentido con un cielo desierto. Cuando no se ve o no se alcanza la estrella misteriosa, se puede recordar, se puede soñar. Y tan intenso es el goce como el dolor; la vida o la memoria. Los deseos fructíferos. Los amores imposibles.

PAP

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