sábado, 17 de septiembre de 2011

De paso

En realidad el verano es el final del año. Es en setiembre cuando comienza todo.
Mi último verano es fácil de resumir: una operación, dos novelas, un embarazo (ajeno), un nacimiento y dos entierros. Un amigo reencontrado y otro que se ha perdido.
He crecido con el síndrome de Ítaca. Siempre lejos una de mis tierras, extranjero donde me hallare, y queriendo regresar al lugar donde no estoy.
El verano es siempre el retorno, la vuelta a mis orígenes. Anécdotas y experiencias (más o menos estáticas) que terminan en un recuerdo, más o menos borroso, más o menos exacto, de lo que fuimos, de lo que podríamos haber sido.
Encuentros, desencuentros. Miradas cruzadas y abrazos sinceros, besos de compromiso y pasiones besadas.
Como siempre, dejé la terreta con la tristeza de pensar qué solos se quedan Tabarca sin mi mirada, y mi silla de lectura, mi rincón a la sombra, el garaje de mis desvelos, mi bicicleta nueva de segunda mano, el Carabassí sin mi trasero... Con la certeza de saber que cuando vuelva todo seguirá igual y todo será distinto.
Con  esa sensación de estar de paso, de que tras ver, ser, visitar, conocer y marchar, siempre hay algo que ha cambiado, algo que siempre permanecerá.

PAP

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