viernes, 22 de julio de 2011

Tantos tintos


“En un país civilizado se bebe vino” (Charles Chaplin, Un rey en Nueva York)

Sé que hay muchos caldos mejores, pero como el gusto es algo bastante subjetivo, Vilosell (12 €) de las bodegas Tomás Cusiné es el tinto del que siempre tendré, al menos, una botella. Tuve la suerte de descubrirlo gracias a un amigo, con quien lo degusté en La vinya del Senyor, en Barcelona, con unas vistas inmejorables hacia Santa María del Mar. Es un vino para las ocasiones especiales, o los días turbios, o la final de la Champions League (seas o no seas del equipo que la juega) o la celebración de un nacimiento, como corresponde a sus nueve meses de envejecimiento en barricas de roble francés. Con una base de tempranillo, combina cabernet sauvignon, garnacha, syrah y merlot, de vides que crecen en suelos de gravas, calcáreos y arcillosos, propios de la denominación de origen Costers del Segre.

Etnic 2006 (13.75 €) es un tinto de crianza que llegó a mi mesa gracias a la Guía Peñín. Un vino nuevo, de producción limitada, que mezcla dos uvas de fuerte personalidad, cariñena y garnacha, con que la bodega cooperativa de El Masroig dio en el clavo al primer intento. Tiene notas de frutos rojos, pimienta negra, hierbabuena. Es uno de los adalides de la reciente denominación de origen Montsant. Recomendable si la calidad del ágape o de la compañía o de la cartera propia lo permiten.

La primera vez que bebí Laderas de El Sequé (4,5 €) fue hace dos años, en un pequeño restaurante de Bigastro. Desde entonces no falta en mi bodega. Es el vino del día a día especial: vale para una cena improvisada de amigos o para un autohomenaje tras un duro día de trabajo. También se puede abrir sin ninguna de estas excusas. Es un vino joven que no lo parece (tiene seis meses de crianza). El interior de Alicante, en una partida cerca de la localidad de El Pinoso, es adonde un francés decidió mudarse para desarrollar unas vides jóvenes que nos regalan deliciosos vinos como este, que sorprende desde el tapón, de rosca. La uva tinta más típica de la provincia es la monastrell, y a esta añade la omnipresente cabernet sauvignon y algo de syrah, una variedad muy bien recibida últimamente por los paladares europeos.

PAP
Vilosell, Etnic, Laderas de El Sequé

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